domingo, 1 de julio de 2007

No me retiro....noooo,

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me re-tiro al suelo en donde sea y hasta me quedo dormida depié(¿!), estoy agotá de la perra vida que he arrastrado estos últimos meses, así es que me escapo a ocios, juergas y dormidas y que sea lo que diós quiera, os lo aviso y cuelgo el cartel de...


Cuidáos mucho, dáos gustos al cuerpo y OJO!!!, que volveré a la carga una vez descansadita y pienso contar uno por uno, a ver quien falta.
Abrazos, besos y alegrías para tod@s, buenas vacaciones y HASTA LA VUELTAAA!!!

P.D./ Me haríais un favorcito si, los que quedéis y paséis por aquí, echárais un ojo, o los dos, a mis okupas, que son de armas tomar y andan rebrincadas pero se quedan en secano y solit@s! (Que coño, se dan la gran vida y de gratis).
Bueno, pues eso.
Que vosotros veréis.
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domingo, 17 de junio de 2007

Las cadenas de un cow boy.

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Cuando recibió la mortal bala, se le pasó por la mente su vida al completo y los rostros de sus hijos quedaron fijos en ella hasta que expiró y se cerraron sus ojos o, quizás, se los llevó prendidos a él bien sujetos al imperdible de la eterna ausencia.

Aquella mañana no sabía que iba a ser la última en despertar, calzarse los Levis Strauss y las botas y asomarse a su espejo, la última que, antes de abrocharse la camisa, colgaría de su cuello las cadenas sin las que se sentía desnudo. No sabía que de nada le serviría la senda que recorría desde niño cada día hacia el triunfo, ni las simpatías con las que contaba, ni su esfuerzo pertinaz de superación personal y en alimentar su autoestima y que le estimaran los demás.
Como siempre, ilusionado, meticulosamente arreglado y vestido a lo "cow boy", antes de salir buscó con la mirada el sombrero tejano sin sospechar que ese día, en ello, más que en ningún otro, hubiera debido poner aún mayor empeño por tratarse de su postrera puesta en escena y el de mayor peso su argumento.
A media tarde, después de atender su trabajo, mientras tomaba una hamburguesa, alguien puso precio a su cabeza pues fueron de ella, colgantes, las razones que tasaron el valor supremo del trance. Dos hombres despojaron de su cuello los oros, uno de ellos el que le disparó certero desde el suelo, derribado por el afectado.

En su honor, mayor gloria y orgullo de sus hijos, a su valor y desgraciada pérdida, metafóricamente, a modo de infantil consuelo, añadir desde aquí la evidente concordancia en el funesto caso pues, al fin y al cabo, sin saber, acabó su vida coherentemente, como la vivió, emulando la clásica manera del "far west", cumpliendo el heróico requisito su oro defendiendo, sin ahorrarse el final de tan sinietro legendario legado, de un tiro la vida perdiendo.

Desde Madrid (España), en su memoria.
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miércoles, 23 de mayo de 2007

Querencia.

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Después de 20 años de servicio en una casa de familia acaudalada, viajada y culta de la que cuidó con primor, criando a los seis hijos habidos de la pareja inicial como si propios fueran, supliendo a sus progenitores en amores, confidencias y defensas, Josefa, sorprendentemente, fue hallada culpable del robo de numerosos objetos familiares que a lo largo de los años de la casa venían desapareciendo, alegando por su parte que a nadie más que a ella pertenecían, por lo que de sus servicios se prescindió.
No obstante,
durante largo tiempo, se la vio por la noche rondar la casa, decididamente cruzar el jardín hasta llegar a la puerta principal echando mano de su bolso al alcanzarla buscando en su interior la llave... que no tenía, haciendo, una y otra vez, el gesto de abrirla como si la tuviera y, al no poder, permanecer sentaba en los escalones del porche llamando, uno a uno, por sus apodos familiares a cada niño, rogándoles mimosamente le abrieran y dejaran entrar en auxilio, atención y cariño.

Hasta la madrugada contaba los cuentos que antes de dormir les contaba.
Hasta el amanecer cantaba las canciones infantiles que desde que nacieran, les cantó.

Y, ya amanecido, más de una vez se la encontró buscando a cualquiera que se prestara en abrirla de par en par su casa y volver junto a los suyos.
Esos en los que abandonó, en exclusiva, su juventud, desvelos y amores.
Ese hogar, que, creía, a nadie más que a ella pertenecía.
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sábado, 12 de mayo de 2007

On/Off.

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Del techo colgaba una lámpara grande sin luz que pendía de un cable demasiado corto para una persona de su estatura. Estaba llena de polvo al igual que los libros, películas de video, televisión y bafles que se encontraban en el estrecho mueble de pino sin barnizar.

¡Qué diferente el apartamento cuando estaba su dueño!.

Menos la lámpara de techo, todo estaba encendido: la televisión, el ordenador, el cigarrillo... El sofá se vestía con el cuerpo cansado de su habitante; la cabeza echada sobre el cojín, el cuerpo encogido en posición fetal, una respiración placentera y los pies abrigados por la mantita en una siesta dulce saboreada a horcajadas, llenaban la estancia de placer, en un sueño intermitente de voces televisivas.
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