domingo, 10 de septiembre de 2006

De ex-preso contenido.

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Por mi madre lo juro y ustedes comprenderán.

Sentir el pleno rechazo de quienes antes me buscaron, conocieron, valoraron y de mí sobrada, largamente se beneficiaron y a mis expensas se salvaron, es una lección amarga, difícil de encajar.
Constatar que cuando fui de entre ellos el descubierto y la defensa y coartada probada por su parte omitieron y la totalidad de la culpa sobre mí cargaron, dejando para ellos en el mundo de los vivos, definitivamente, de existir, es un bocado difícil de digerir.
Por esas y muchas otras inconfesables razones de peso, ahora, aún habiendo por todos ellos, por mí toda la minuta cumplidamente pagada, mi mera presencia hace que esa misma cómplice en trapicheos gente, se sienta incómoda y evite dar a entender a mi persona haber estado vinculada alguna vez.
¡¡¡ Y aparezco de pronto, como Lázaro regresado de entre los muertos, para dar fe del milagro ante aquellos mismos que, en su descargo, le enterraron!!!.

Sin embargo, en mis horas mas serenas y razonablemente ecuánimes, me parece sobradamente justificado que esa gente me rehuya, finja despreciar y mucho tema. Tanto por mi torpeza y temeridad en su seguridad, como por la deuda hacia mi silenciosa, con respecto a ellos, integridad. Y estimo se han de cuadrar bien entre ellos y yo las cuentas, servidas en bandejas de plata, por separado, dejando para los postres el arqueado, el menú de la casa, la factura pormenorizada y, de las partes, en orden alfabético, las quejas.
Por esas y otras muchas inconfesables razones de peso, ante y tras el espejo, con maestra destreza, innumerables formas de indiferencia, imposición, apostura, entereza y refinadas o abruptas intimidatorias formas, ensayo sin desmayo el justo de la cuenta redondeo, exactamente calculando, profundos avatares gestando, antes de saltar bien armado al ruedo y pisar fuerte el terreno de ajenas y propias vilezas en tan enconado rejoneo.

Por mi madre juro que pagarán,
y ustedes, quizás, en alguna medida, me comprenderán.
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sábado, 2 de septiembre de 2006

Tahúres.

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Hay veces que ganamos perdiendo y al contrario.
Al margen del tesón, el deseo y la voluntad, se encuentra la arbitrariedad azarosa de la existencia, sin tenernos en cuenta.
No obstante, hay tahúres que se mecen en brazos de la constante.

En la vida de ciertas personas hay sobrados momentos que, considerados a “posteriori”, aparecen como líneas definitorias de un espectacular ascenso, las de un espectacular declive.
Incluso hay momentos, días en sus vidas, en los que, simultáneamente, se les dan ambas cosas. Pese a estar llegando a la cumbre o haber llegado, vinculante, se ubica, cuesta abajo, el declive adosado.
Cada cual puede creerse más fuerte o débil de lo que en realidad es, haciéndole un "envido a la grande" a la vida, perdiendo el control y la partida.

Comienza entonces de nuevo el olvidado aprendizaje de escuchar el secreto sonido de anidados temores, miedos certeros que durante algún tiempo consiguieron mantener amordazados, soterrados bajo animoso espíritu, en existenciales cabriolas y juegos de manos.
Quizás es la razón por la que ciertas personas concentran por completo en su persona toda la atención, toda la energía y primoroso cuidado. Para disipar, acaso, la oscuridad.
Acaso, para perfeccionar sus tretas en el juego y recolocar sus cartas en la manga guardadas con el empeño, siempre escaso de luces el narcisista, de hacer de ello un pseudoarte el pseudoartista, apostando por su destreza para no ser cazados, descubiertos, evitados, expulsados del paraíso del común de los mortales conocedores de sobras, por simple y llano instinto, de insolvencias, sableos y trampas, de los que, como él, con faz amable y verborrea en trances, atrozmente abusan, reiteran y en falsas humildades ensalzan, marcando de antemano sus cartas.

Es el caso de Erika H. a la que encontré, como siempre, en barbecho.
Como antes, como ahora, como siempre... con ternura.
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domingo, 6 de agosto de 2006

A tiempo.

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Preparada a conciencia para huir, seducir y, a su edad, volver a empezar, en la dilatadísima espera, ya no sabía hacia dónde mirar.

Después de varios arreglos, su cuerpo entero le resultaba incómodo. Su rostro, ni sombra de lo que fue, a una muñecona antigüa pertenecía, con asombro fijo en expresión, en general expectación. Sus caderas parecían ser de otra persona, sus senos, costales cargados de cemento, sus abultados pies, sin natural asiento.
Tal vez debió ponerse unos zapatos menos altos y mas sueltos, un vestido menos estrecho, un sostén mas amplio que dejaran mas libres sus recompuestos pechos,
pero a esas alturas de su película en eso pensar no cabía, solo aguantar, tener fe, esperar con un tierno infante en la idílica prometida, de sí misma, la huída.
Y prefirió volver a sentarse, volviendo a preguntarse: No acude!!! ¿Qué le pasa?,
pero de momento optó por seguir sosteniendo en apariencia el tipo, disimulando la dolorosa contrariedad, y nadie la descubriera a esas horas, en ese lugar, tan lejano de su casa y sociedad.
A deshoras, a destiempo, no le asistió ya su voluntad de esperanza, fe o caridad... deduciendo, cabalmente comprendiendo, la realidad.

Comenzó por el vestido y el sostén aflojándose para, a continuación, con fuerza, arrancar de los a voluntad enchanclados zapatos los altos tacones, ensañándose, y rematar su personal adecuación en el cabello, como antes siempre, en la nuca, anudándose.
Abandonó la chaqueta de gran marca estrenada para la ocasión sobre el diván en el que durante horas esperó y con el bolso por bandolera pegado a su espalda y el neceser en volandas, sin volver la cabeza, con decisión, abandonó el aparente garito con paso seguro e interna profunda, de sí misma, verificación.
Poco a poco, como nunca antes en ella el milagro se produjera, sus brazos se hicieron livianos comenzando a convertirse en largos pañuelos de seda y sus piernas, como gaviotas en secano, simétrica, rápida, armoniosamente se alinearon.
La seda se convirtió en finas tiras largas, las tiras en capullos, los capullos en rosas y las rosas...

en felices agradecidas indultadas mariposas.


Hasta pronto amig@s, me voy a tomar unas vacacioncitas pero desde donde esté, en la medida de lo posible, os seguiré. Total es cosa de poco tiempo.
Y disfrutad, que son cuatro días y dos de ellos, nublados.
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lunes, 31 de julio de 2006

Como yo.

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Cualquier persona nacida,
que durante meses en las cálidas entrañas de su madre su existencia fraguó,
feliz de haber gozado, triste por haber sufrido, hecha de sangre, esperanzas, sueños, flujos, juegos y dolor,
trabajando su futuro, anhelando ser cada día más persona con el ansia de encontrar, más completa, una verdad. Con miedos, rencores, secretos, trampeos, deseos y amores.
Como yo.

Cualquiera que, como cualquier persona, varias veces fue salvada y otras tantas por otros condenada, que se arrepintió y pidió perdón decidiendo restarle a todo importancia para dejar hueco a la redención,
amamantada, forjada con pasión, dotada de adornos y altos valores por los que aman, al margen de cualquier humillación,
que buscándose en ojos y brazos de otros ante el destino se enlazan envalentonándose, galleándose dentro del vital baile luciendo apostura, aparentando entereza, volviendo luego a su ser para seguir siendo lo que verdaderamente son, entretejiendo su personal ética y particular estética, a su caer y entender, con supremo instinto de conservación.
Como yo.

Personas cargadas de eternos, comunes universales atributos humanos, que
mueren a diario por intereses de otros, violenta o lentamente, desarmadas, vulnerables, ajenas, sin poder defender, a los de puertas adentro, suyos, su casa, su pan, su diaria de la existencia reinvención, sin honor.
Por expresas directas órdenes, por cómplices indiferencias a sus expensas,
de personas nacidas,
como yo.
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