Sentía que tenía cierta razón pero la razón no la acompañaba y deseó rendirle un homenaje.
Desde que se fueron y los dos quedaron de nuevo solos, seguía comprando para seis, cambiando cada semana sábanas sin usar y ordenando armarios sin desordenar.
A la mesa, cada mediodía y cada noche, disponía seis cubiertos completos levantándose a preparar, a los que ya no estaban, desayunos cada madrugada.
Y como en tal asunción comprendió no le acompañaba la razón, ilusionada, ese día se levantó tarde, preparó comida para dos y, como de recién casada, para recibirle, se puso su mejor traje y, por la noche,
su más insinuante camisón.
sábado 17 de mayo de 2008
Razón.

domingo 11 de mayo de 2008
Realismo.
No sin esfuerzo, para sobreponerse, hizo una vez más un ejercicio interior para poder situarse por encima de las circunstancias.
Como en otras ocasiones, aparentó no darse cuenta de lo que acontecía y se encargó de parecer por completo ajeno.
En un principio, ese tipo de ejercicios, o similares, le parecían propios de un hombre hipócrita, sin dignidad, cobarde. Después, en el conocimiento de sus propias limitaciones, se fue convirtiendo diestro en ellos al comprender que, de darse por enterado, tendría que pasar a la acción en consecuencia,
y no podía, la amaba demasiado.

domingo 13 de abril de 2008
Sur.
Tres años antes del fatal desenlace, esa misma joven y atractiva mujer sureña de “pura cepa” había acudido a la consulta de un reputado psiquiatra que en la ciudad norteña donde a la sazón residía, buscando ayuda y explicación a su profunda y desconocida melancolía.
Había seguido a su marido, incipiente prometedor profesional en ascenso a modo de merecido premio a su norteño definitivo destino en condiciones de suma ventaja económica y social.
-“Todo es adaptarse mujer, esas son tonterías”, le repetía su marido, “ten presente que nos ha tocado la lotería”.
-“Se trata de una disfunción natural por cambio de ambiente”, le dijo el psiquiatra, “es normal, en un suspiro volverá a ser quien era, ya lo verá".
Cuando se arrojó por uno de los balcones, sobre el suelo del mirador que réplica de patio sureño florido durante el tiempo ella había recreado, en su carta manuscrita de justificaciones cargada, constataba:
“Aunque lo intenté e hice cuanto pude, estoy convencida que no lograré nunca acostumbrarme a no hablar desahogadamente en mi tono, a mi modo y manera,
a no escuchar desde mi casa algarabías, músicas y canciones a cualquier hora,
a no poder sentarme con mis vecinos en la calle hasta la madrugada,
a verme obligada a cargar siempre con el paraguas y hasta las orejas abrigada,
a no escuchar ecos de alegres y desenfadados piropos y requiebros,
a estar siempre observada por los que mi casa sin necesidad de más atención que la mía, atienden, ni a ver el mundo y la vida bajo luz eléctrica desde temprano...
aún en verano”.

domingo 2 de marzo de 2008
Como si tal cosa,
sin trabajo, como desde años atrás se encontraba y, como desde años atrás repitiendo papelón, con camisa hawaiana y pantalón corto marcando paquetón, en un arranque compulsivo más, ante la presencia de su mujer, dos de sus hijos y su anciana madre recién llegada del pueblo, se levantó del sillón desde el que veía la siempre encendida televisión y, aunque su equipo iba ganando, se dirigió hacia la puerta de salida sin intención alguna de por la misma salir si no de tomar carrerilla, y así, con gran impulso, corrió hacia la terraza abierta de par en par, lanzándose al vacío.
Vacío de tres metros por tratarse de un bajo.
Cuando de inmediato volvió, dando la vuelta desde el suelo en el que cayó cuan atleta olímpico, de pié, al portal a escasos pasos, tocó el timbre y, como si tal cosa, su mujer le abrió,
- ¿Qué tal el curro hoy?.
- Bien, me han vuelto a felicitar... como es normal.
- Claro, es que la cosa es así, todos te conocen, respetan, admiran y envidian.
- Pues sí, aunque me esté mal decirlo.
Pasa, pasa y siéntate en tu sillón, que el partido está por el descanso, nuestro equipo va ganando y la cervecita con aceitunas marchando!!!.
Está para llover, añadió de camino a la cocina, mañana te llevas el paragüas y la gabardina.

lunes 7 de enero de 2008
A menudo.
De niño, cada año iba abriendo atropelladamente los regalos que le dejaban los magos.
Sin poner atención en cuantos iba descubriendo, corría a romper el envoltorio del siguiente... y así pasaba varios días con sus noches hasta que caía extenuado no volviendo en sí, verdaderamente, hasta el mismo día del año siguiente en el que, antes de acometer la empresa anual, en puntual ocasión, dijo convencidamente que con los que quería jugar eran aquellos que el primer año de su consciencia le dejaron entre el Belén y el árbol. Pero no pudo ser, 
se habían tirado a la basura unos y regalados a los niños pobres otros.
Desde entonces, cada año por esas fechas o en su cumpleaños, sin abrir, guardaba las cajitas de los regalos recibidos envueltos en papel dorado, enlazados, hasta que, de uno en uno, iba descubriendo sus encantos, bonanzas, enseñanzas y placeres que le proporcionaban.
Hasta hubo un año que no pasó del primero y con el tiempo supo que la persona que se lo regaló fue siempre por él la más ignorada.
A menudo, dice, eso mismo, en cualquier ámbito de la vida me sigue pasando.

domingo 16 de diciembre de 2007
SS.SS.
Marido y mujer, de 74 y 70 años respectivamente.
Malamente saben leer y escribir, toda la vida tuvieron por oficio la venta ambulante sin autorización. Sus antepasados ya lo eran.
Sin embargo, con o sin autorización, cuatro hijos educados. Ni uno en la escuela pública. Tan “bien educados” que no quieren saber de ellos.
“Nosotros les comprendemos”, dijeron.
No tienen ganas de morir. Un lugar donde encontrar cobijo para volver a empezar.
“Amigos??” -dicen- “no, no vamos a meterles en un compromiso. Eso es lo principal en la amistad”.

sábado 17 de noviembre de 2007
A tener en cuenta y,
no precisamente por la conveniencia de usar protección solar, a quienes lo no conozcáis, os invito a que lo veáis y escuchéis hasta el final.
Y la Navidad se acerca, para bien o para mal.





