Cuando recibió la mortal bala, se le pasó por la mente su vida al completo y los rostros de sus hijos quedaron fijos en ella hasta que expiró y se cerraron sus ojos o, quizás, se los llevó prendidos a él bien sujetos al imperdible de la eterna ausencia.Aquella mañana no sabía que iba a ser la última en despertar, calzarse los Levis Strauss y las botas y asomarse a su espejo, la última que, antes de abrocharse la camisa, colgaría de su cuello las cadenas sin las que se sentía desnudo. No sabía que de nada le serviría la senda que recorría desde niño cada día hacia el triunfo, ni las simpatías con...
domingo, 17 de junio de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)