Tres años antes del fatal desenlace, esa misma joven y atractiva mujer sureña de “pura cepa” había acudido a la consulta de un reputado psiquiatra que en la ciudad norteña donde a la sazón residía, buscando ayuda y explicación a su profunda y desconocida melancolía.
Había seguido a su marido, incipiente prometedor profesional en ascenso a modo de merecido premio a su norteño definitivo destino en condiciones de suma ventaja económica y social.
-“Todo es adaptarse mujer, esas son tonterías”, le repetía su marido, “ten presente que nos ha tocado la lotería”.
-“Se trata de una disfunción natural por cambio de ambiente”, le dijo el psiquiatra, “es normal, en un suspiro volverá a ser quien era, ya lo verá".
Cuando se arrojó por uno de los balcones, sobre el suelo del mirador que réplica de patio sureño florido durante el tiempo ella había recreado, en su carta manuscrita de justificaciones cargada, constataba:
“Aunque lo intenté e hice cuanto pude, estoy convencida que no lograré nunca acostumbrarme a no hablar desahogadamente en mi tono, a mi modo y manera,
a no escuchar desde mi casa algarabías, músicas y canciones a cualquier hora,
a no poder sentarme con mis vecinos en la calle hasta la madrugada,
a verme obligada a cargar siempre con el paraguas y hasta las orejas abrigada,
a no escuchar ecos de alegres y desenfadados piropos y requiebros,
a estar siempre observada por los que mi casa sin necesidad de más atención que la mía, atienden, ni a ver el mundo y la vida bajo luz eléctrica desde temprano...
aún en verano”.
domingo 13 de abril de 2008
Sur.
Etiquetas:
Desconciertos

Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

6 hasta el momento lo comentaron.:
Aceptar los cambios, es difícil en muchas ocasiones... somos animales de costumbres... Un saludo.
He llegado desde otro blog, me he perdido un buen tiempo al no leerte, y hoy por al mañana me has llevado quiza a una probable explicacion de algo que hasta el momento lo la encontraba....
es para evitar esto mismo que no me gusta echar raices, me lleves donde me lleves ahi voy, y me siento tan o mejor que en casa
Locuras de los cambios de animo supongo
No sólo está, como es habitual, deliciosamente escrito es que retrata a la perfección lo que sentimos los sureños (y latinos) que tenemos que vivir en otras latitudes. Decía mi hermana que al cruzar Despeñaperros, se respiraba mejor.
Saludos.
Me ha gustado el cambio de look del blog...me siguen gustando los relatos...
me alegro de que retomes la actividad
besos
Pues, chica, a mí también me costaría horrores lo del paraguas, la gabardina, la falta de sol y la desmesura en la compostura, que tampoco hay que pasarse.
Bonito blog, mucho tiempo sin decírtelo, pero está muy hermoso.
Besote
Hay cambios duros de acpetar pero no imposibles.
Un relato muy triste y conmovedor
Tenia tanto tiempo de no leerte y mira de todo lo que me he perdido.
Te dejo mi mejor tacita de te en lo que voy a seguir leyendote.
Besos y muchos terroncitos de amor y amistad.
Veronica
Publicar un comentario en la entrada